Para conocer sobre liturgia

marzo 9, 2018

Tiempo de preparación para la Pascua

Hna. M. Guadalupe Puente Cuevas / Misionera de Jesús Hostia

En nuestra situación actual basta con voltear a nuestro lado para captar la necesidad del hermano.

Celebramos la Cuaresma, tiempo en el que la Iglesia nos hace un llamado a experimentar la misericordia de Dios, a acercarnos más a Él a través de la meditación de su Palabra, la oración, el ayuno y la penitencia.

Es tiempo de conversión, que no es otra cosa que “dejarse mirar por Cristo”, que a su vez esto nos lleva a extender la mano para ayudar al hermano. Meditemos sobre: el domingo, día de la caridad.

El domingo es día de descanso, pero el verdadero reposo dominical consiste en cumplir las obras de caridad a favor de los más necesitados. Cuando la celebración de la Eucaristía ha concluido y cada uno vuelve a su casa, es la vida entera la que ha sido transformada para hacer realidad la donación de sí mismo.

El cristiano que ha participado en la Eucaristía comprende el sentido de la misma, se siente deudor a favor de los demás del don que ha recibido.

Del mismo modo que los discípulos de Emaús, cuando reconocieron al Señor en la fracción del pan, regresaron a Jerusalén para anunciar a los hermanos que habían visto al Señor, así también los cristianos que participan en la Eucaristía dominical deben hacer llegar el amor de Cristo a los que no han podido asistir, o no han querido hacerlo.

No se puede ni se debe permanecer insensibles ante la indiferencia de muchos, pues su ausencia de la Eucaristía dominical es indicio de su marginación de la comunidad. Hay muchas maneras de concretizar lo que hemos celebrado en la Eucaristía; por ejemplo, para algunos grupos el domingo es el día de la caridad social, de las obras de misericordia, de la participación de bienes, de la atención a los más necesitados, a los pobres, a los enfermos, a los que están solos, porque el domingo debe manifestar la presencia de la caridad de Cristo en el corazón de los creyentes.

El domingo que se vive en el Señor debe convertirse en día para los más necesitados, para llevar el gozo y el anuncio eficaz de la Resurrección del Señor. El Catecismo de la Iglesia Católica (2184-2188) insiste en el sentido positivo del descanso y de la posibilidad de dedicarse a las buenas obras, pero también al silencio, a la oración y a la cultura.

Las campañas nacionales e internacionales son la manera organizada y e caz de hacer realidad la comunicación de bienes, recomendada por Pablo cuando pedía ayuda para los necesitados de Jerusalén (2 Cor 8,14; Rom 15,25-27).

En nuestra situación actual basta con voltear a nuestro lado para captar la necesidad del hermano no sólo de cosas materiales, sino también de escucha, una palabra de aliento, un reconocimiento, un saludo o una sonrisa; hay tantas maneras de manifestar el amor de Dios que se nos dona sin medida y que estamos llamados a compartirlo con los demás.

Reflexión y oración a través de los Evangelios

Cuando uno oye Cuaresma es inevitable que le vengan a la cabeza muchos recuerdos: ceniza, ayuno, abstinencia, desierto, conversión, tentación.

Es imposible desvestirse de todo lo que uno ha vivido a lo largo del tiempo, e inevitablemente, brota a nuestro recuerdo. La tarea de estrenar o, por lo menos, de vivir como nuevo algo que ha formado parte de nuestra vida durante tanto tiempo no resulta fácil; el riesgo de que pueda convertirse en más de lo mismo está presente.

La Liturgia, sin embargo, en cada ciclo celebrativo nos regala textos nuevos. Quizás, acercarnos a cada uno de esos textos sea una vacuna contra lo de siempre y una posibilidad de estrenar cuaresma.

 

 

 






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