Editorial

junio 4, 2018

Todos llamados a la santidad

MONS. JUAN PEDRO JUÁREZ MELÉNDEZ OBISPO DE TULA 

Despues de haber celebrado los misterios centrales de nuestra fe en la Semana Santa, hemos vivido intensamente las alegrías de la Pascua de Jesús Resucitado.

Jesús, al subir al cielo, prometió el envío del Espíritu Santo y de esta forma se inició formalmente el tiempo de la Iglesia, que en adelante cumplirá con el mandato del Señor: «Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio».

La Iglesia, que somos todos los bautizados, en estos tiempos difíciles necesitamos una nueva efusión del Espíritu para que con alegría hagamos realidad, en medio del mundo, la presencia de la Iglesia discípula y misionera, difundiendo por todas partes la alegría del Evangelio con el ardor y la frescura de un nuevo Pentecostés.

En este contexto, el pasado 10 de abril, el Papa presentó a toda la Iglesia una nueva Exhortación Apostólica: Gaudete et Exsultate (Alégrense y Regocíjense), que trata el tema sobre el llamado a la santidad en el mundo actual.

Es un documento de fácil lectura y muy motivador para vivir la santidad como meta de toda vida cristiana; el obJetivo de esta exhortación es muy claro: «Hacer resonar el llamamiento a la santidad encarnada en el contexto actual».

Gaudete et Exsultate se compone de cinco capítulos. El punto de partida es «el llamado a la santidad» dirigido a todos. De allí se pasa a la identificación clara de «dos sutiles enemigos» que tienden a disolver la santidad en formas elitistas, intelectuales o voluntaristas.

Después se toman las bienaventuranzas evangélicas como modelo positivo de una santidad que consiste en seguir el camino «a la luz del Maestro» y no una vaga ideología religiosa.

Se describen a continuación «algunas notas de la santidad en el mundo actual»: paciencia y mansedumbre, humor, audacia y fervor; vida comunitaria y oración constante. La exhortación concluye con un capítulo dedicado a la vida espiritual como «combate, vigilancia y discernimiento».

Francisco termina su exhortación apostólica al afirmar que «Dios nos lo pide todo, y también nos lo da todo. Pedimos que el Espíritu Santo infunda en nosotros el intenso anhelo de ser santos y así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar».

Ojalá que este llamado del Papa nos anime a vivir el llamado universal a la santidad, tal como nos lo enseña: la santidad no es otra cosa que la vida ordinaria vivida de manera extraordinaria fruto del Espíritu Santo. Y que lo contrario a la santidad sería además del pecado, contentarse con una vida mediocre.

 






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