Articulo

agosto 14, 2019

Vida espiritual en vacaciones

Pbro. Alfredo Vargas Delgado / Arquidiócesis de Tulancingo

No debemos ir a gastar lo que no tenemos, a cansarnos o a llevar una “vida loca”; más bien vamos a “cargar nuestras pilas” para llevar nuestra cruz de cada día.

Hace varios años tuve la oportunidad de visitar a unos amigos, familiares de un hermano sacerdote, por lo que no perdí la oportunidad de preguntar cómo era de niño; ya saben, para satisfacer la curiosidad de conocer las travesuras que hacía un pequeño que ahora es sacerdote.

Me contaron que cuando mi amigo era chiquitín a donde fuera que iban buscaba una iglesia, y que no daba descanso a sus papás hasta que encontraban una y entraban a saludar a Papá Dios y a Mamita María.

Luego, nuestro pequeño amigo se quedaba haciendo oración con sus manos juntas; todos lo esperaban hasta que terminaba su plegaria. Después de esto… seguía la diversión: correr, brincar, jugar, curiosear… lo que todo niño sano y normal haría.

Esta experiencia que les comparto vino a mi mente cuando me pidieron escribir este artículo. ¿Es posible llevar una vida espiritual en las vacaciones? Por supuesto que sí, pues en todo momento somos h os de Dios y a donde quiera que vayamos Él es nuestro Padre y nosotros somos suyos.

Vamos a echar un vistazo a la monición que lee el sacerdote a los peregrinos cuando emprenden su camino, sin duda que nos ayudará: «…Los lugares que deseamos visitar atestiguan la devoción del pueblo de Dios… también nosotros… debemos aportar algo a los eles que viven allí, a saber, el ejemplo de nuestra fe, esperanza y caridad, para que todos, los que allí viven y nosotros, nos edifiquemos mutua- mente» (Rito de la bendición de los peregrinos al emprender el camino).

En lo personal me gusta recalcar que debemos aportar nuestra fe, esperanza y caridad en todo momento y en todo lugar. No solo vamos a divertirnos y a relajarnos, sino además debemos tener el gusto de que los h os de Dios se traten como hermanos y se edifiquen mutuamente (cfr. 1Tes 5,11).

Además, tengamos en cuenta que en todo momento y en todo lugar podemos cuidar nuestra Casa Común, como ha llamado el Papa Francisco a nuestro planeta; eso también es un rasgo de nuestra vida espiritual, así que no vamos a destruir sino a “edificar”.

¿Cómo nos daremos cuenta de que vivimos cristianamente nuestras vacaciones? Nuevamente recurro al ritual de bendiciones: «Al vivir con fe nuestras vacaciones hemos de sentir un impulso de renovación espiritual que nos lleve a esforzarnos a vivir nuestra vocación cristiana, por la que somos una nación consagrada para proclamar las hazañas del que nos llamó a salir de las tinieblas y entrar en su luz maravillosa». (cfr. Ritual de bendición de los peregrinos antes o después de su regreso).

Por último, es bueno tener presente que no debemos ir de vacaciones a gastar lo que no tenemos, a cansarnos o a llevar una “vida loca”; más bien, vamos a “cargar nuestras pilas” para llevar nuestra cruz de cada día.

 

 






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