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Es muy bueno que nos vean alegres y dispuestos a recibir la nueva vida que Dios nos regala

Debemos alegrarnos por el don de la vida

La vida es el mayor tesoro que tenemos y es un don infinito, por lo que hay que cuidarla desde su concepción y hasta la muerte natural.

Es bueno que les enseñemos a nuestros hijos, desde pequeños, a alegrarnos por el don de la vida y a cuidarla con dedicación.

Es muy bueno que nos vean alegres y dispuestos a recibir la nueva vida que Dios nos regala, pues de nosotros aprenden la forma correcta de reaccionar ante las situaciones importantes.

Si les enseñamos a cuidar la vida de los demás, es mucho más importante que aprendan a cuidarse a sí mismos de los peligros extremos que les ponen en riesgo.

Hay deportes o actividades que representan un peligro inminente y que debemos aprender a discernir si les convienen a nuestros hijos o no.

Lo primero que pensamos es en drogas y alcohol, pero existen otro tipo de adicciones como la comida, el trabajo, los videojuegos o las redes sociales.

Este tipo de adicciones no representan un peligro inminente, pero sí nos van minando la conciencia y la salud, y pueden, en un futuro, afectar nuestra forma de proceder y poner en riesgo nuestra integridad física y hasta nuestra vida.

La generosidad debe ser una virtud presente en nuestros hijos, para que sean capaces de brindar ayuda a quienes más lo necesitan.

Una excelente forma de ayudar es dar tiempo para escuchar, dialogar, jugar o realizar alguna manualidad.

Nuestros abuelos nos dan una excelente oportunidad para ser generosos, tenerles paciencia y procurar su bienestar.

No tenemos pretextos, ya que gracias a los avances tecnológicos tenemos la posibilidad de acortar distancias y disminuir los tiempos de espera para generar espacios de convivencia y de escucha a nuestros adultos mayores.