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“Existe una cultura tal que empuja a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades de futuro, o a menudo son llevados a posponer la boda por problemas de tipo económico, laboral o de estudio”.

Ideologías pueden desvalorizar el matrimonio y la familia.

Crédito. Pbro. Usbaldo Castaño Zapata

Es sorprendente la velocidad con la que las personas pasan de una relación afectiva a otra, creen que el amor, como en las redes sociales, se puede conectar o desconectar a gusto del consumidor, e incluso bloquear rápidamente.

Pienso también en el temor que despierta la perspectiva de un compromiso permanente, en la obsesión por el tiempo libre, en las relaciones que miden costos y beneficios y se mantienen únicamente si son un medio para remediar la soledad, para tener protección o para recibir algún servicio.

Se traslada a las relaciones afectivas lo que sucede con los objetos, todo es descartable, cada uno usa y tira, gasta y rompe, aprovecha mientras sirva, después, ¡adiós!.

Personas incapaces de mirar más allá de sí mismas, de sus deseos y necesidades; pero quien utiliza a los demás tarde o temprano termina siendo utilizado, manipulado y abandonado con la misma lógica.

Existe una cultura tal que empuja a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades de futuro, o a menudo son llevados a posponer la boda por problemas de tipo económico, laboral o de estudio.

A veces, por otras razones, como la influencia de las ideologías que desvalorizan el matrimonio y la familia.

El debilitamiento de la fe y de la práctica religiosa en algunas sociedades afecta a las familias, la soledad como consecuencia de la ausencia de Dios afecta a la sociedad actual.