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“En el estado de Hidalgo ha sido legalizado el aborto. ¡Vaya estúpida contradicción: buscamos hacer frente al Covid-19, mientras quienes nos representan condenan a muerte a los inocentes!”.

Es inútil la realización del hombre si no hace de la vida un acto de consciencia

Los seres humanos somos educables y necesariamente regimos nuestras acciones con la finalidad de conservar la vida y alcanzar la felicidad.

Es esencial que el hombre en su proyectualidad se reconozca merecedor de condiciones dignas de su grandeza que conciba como derecho universal verse protegido, promovido y asistido hacia el bien cuya plenitud es Dios.

Cierto que en la búsqueda de su bien comete muchos atropellos, porque envuelto en flaqueza se ve acechado por el demonio bajo diferentes manifestaciones, incluso mediante un supuesto ejercicio de derecho.

Vivimos varios momentos de tensión suscitados por la “endemia Covid-19”, que siendo un “tema tabú” ha causado muchas muertes, desestabilizado la economía y entorpecido la educación. ¿Y qué decir de la inseguridad, cuyo incremento es acelerado, cínico y quizá hasta protegido?

Recientemente aquí, en el estado de Hidalgo, ha sido legalizado el aborto. ¡Vaya estúpida contradicción: buscamos hacer frente al Covid-19, mientras quienes nos representan condenan a muerte a los inocentes!

Sin la garantía de la vida como don y derecho por excelencia, ningún otro derecho tiene razón de ser; la 60 D.D.H., en el Artículo 3 señala: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.

Es inútil la realización del hombre si no hace de la vida un acto de consciencia, un cultivo de sí, porque olvidándose de Dios ha sepultado su ser divino.