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El Papa Francisco nos ha recordado la imagen africana que supone la educación de un niño por parte de todos los miembros de su aldea.

Esto ocurre también en nuestros pueblos mexicanos: no son solamente los padres de un pequeño los que ven por él, la comunidad entera está atenta a mostrarle cómo y por dónde caminar. 

Nos debatimos entre volver a las aulas o permanecer en casa, pero sin importar qué decisión se tome, nos toca a todos sumarnos a la educación.

Hay un bello Salmo que merece ser recordado en este momento: «El Señor te protegerá de todo mal, protegerá tu vida. El Señor te cuidará en el hogar y en el camino, desde ahora y para siempre» (Sal 121,7-8).

¿Que tal si lo vamos repitiendo a diario, si lo vamos diciendo cada día en familia, si lo vamos grabando en nuestros corazones?  

Podemos irnos acogiendo a estas palabras del salmista, para que cuando llegue el momento de volver lo hagamos con todas las precauciones debidas, pero con la esperanza a flor de piel. 

No habrá mejor receta para conservarnos como sociedad sana en cuerpo y en espíritu.