Seleccionar página

Crédito. Rodrigo Martínez Baracs   

Hablar aquí y hoy ante ustedes sobre la evangelización de México es una gran responsabilidad, y me parece difícil decir algo que ustedes no sepan.

Por ello quiero intentar un experimento, el de tratar de reflexionar sobre la cristianización de México en la perspectiva muy amplia del Encuentro de Dos Mundos, del Nuevo Mundo (América) y el Viejo (África, Asia y Europa) que, por las peculiaridades de sus desarrollos respectivos durante sus milenios de aislamiento interrumpido en 1492, provocó un conjunto de cambios radicales y profundos en todos los aspectos de la vida humana, entre ellos, los religiosos.

La ocasión de este ejercicio de reflexión la da la recién iniciada Conmemoración del Quinto Centenario de la Conquista de México, que nos remonta a la anterior, celebrada hace 25 años, del Quinto Centenario del Encuentro de Dos Mundos.

Como es bien sabido, en 1992 tocaba celebrar el Quinto Centenario del Descubrimiento de América, y el coordinador de la comisión mexicana, nuestro historiador y nahuatlato Miguel León-Portilla propuso que no se celebrara, sino que se conmemorara (en el sentido de “hacer memoria juntos”), no el Descubrimiento de América, sino el Encuentro de Dos Mundos.