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Han pasado apenas unas semanas desde que fui ordenado diácono, y la misma alegría sigue en el corazón, como desde el primer día. No he dejado de asombrarme cada día con el ministerio

SENTIMIENTOS

“Que me digan padre José Luis, no imaginas cuánto me movió poder oír esas palabras, no me la creía, ese día desperté siendo solo José Luis, y para la tarde ya participaba del orden sacerdotal en el grado de los diáconos”.

“Ciertamente es una gran alegría el haber sido ordenado diácono, y no siempre es sencillo explicar con palabras la gratitud que a lo largo de doce años Dios ha tenido conmigo. Si bien cada año de formación fue una gran bendición, el ser ordenado diácono ha sido un gran regalo con el cual Dios me sigue mostrando su amor y misericordia. Hace unos días un amigo sacerdote me decía: ‘Tú ahora estás llamado a ser Cristo: Cristo servidor, esfuérzate por ser fiel… ánimo Padre’”.

“Han pasado apenas unas semanas desde que fui ordenado diácono, y la misma alegría sigue en el corazón, como desde el primer día. No he dejado de asombrarme cada día con el ministerio; quizá suena un poco desfazado, pero el poder bendecir ha sido una de las cosas que más me ha movido el corazón y me emociona. Ciertamente hasta la fecha no he podido bautizar ni asistir el matrimonio, pero sé que cuando llegue ese día seguiré admirándome y asombrándome de las obras maravillosas que Dios hace a través de mí”.

“Ahora bien, el señor obispo, Domingo Díaz Martinez, el día de la ordenación me repetía constantemente la necesidad de hacer oración y de hacerla con plena confianza, para que por medio de ella encontrase la fuerza y la alegría en el ministerio. Y desde ese día he procurado que mi oración no falte”.

“Soy un padre diácono relativamente joven, con apenas 26 años de edad, y puedo ver cómo Dios quiere valerse de hombres pequeños para confundir a los fuertes”.

RETOS, DESAFÍOS, SUEÑOS

“Uno de los retos es sin duda dejar que mi corazón se haga como el de Cristo, un corazón de pastor. Hoy nuestra Iglesia está siendo golpeada por muchas ideologías, enfermedad, muerte y nuestros fieles están experimentando sufrimiento; sé que por medio de mÍ debo llevar el consuelo y la esperanza a una sociedad que vive con mucho sufrimiento”.

“Sueño con una Iglesia más unida en la fe, que se descubra depositaria del amor de Dios, una Iglesia de Tulancingo que pueda experimentar la presencia y cercanía de Dios en sus vidas. Sé que esta realidad puede ser un poco difícil, ya que muchos se han alejado de ella muchas veces por la falta de caridad de unos con otros, es por eso que me esforzaré por ser signo de amor de Dios ahí donde mi obispo me pida ejercer mi ministerio, para llevar a los demás a Dios”.

AGRADECIMIENTOS

“En primer lugar a mi obispo que ha confiado en mí para desempeñar este ministerio, a mis formadores y familiares que me acompañaron durante mis años de formación y que me han mostrado el rostro misericordioso de Dios”.

“A mis hermanos seminaristas que me ayudaron de cerca a ir forjando mi corazón, en corazón sacerdotal, con su amistad, su confianza y su fraternidad. A mi comunidad parroquial y amigos que con su oración y amistad ayudan a configurar mi corazón con el de Cristo”.