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Metieron sus sueños en una maleta, las ilusiones, las metas a cumplir, sus emociones y lo más doloroso, sus derechos, su felicidad y sus ganas de vivir.

Emprendieron una huida que no sabrían si serían capaces de concretar, pero si no tomaban esta opción, lo único que les quedaba era una muerte en vida.

Días antes de que todo esto sucediera, sus vidas transcurrían con normalidad, podían salir a las calles solas y sin el acompañamiento de ningún varón, decoraban sus uñas con diversos colores y su rostro se veía acompañado con el maquillaje que con tanta dedicación habían hecho por la mañana para poder salir a trabajar, y este sin duda iba a juego con la ropa que habían comprado con la ilusión de poder portar en las calles de su ciudad.

Algunas de ellas realizaban diversas actividades: maestras, enfermeras, deportistas, políticas, periodistas, influencers, actrices; las mujeres ya eran capaces de desempeñarse en diversos ámbitos, un logro para ellas, pero un miedo irracional para quienes llegarían al poder.

Todo esto se terminó en un par de horas: Afganistán fue tomado nuevamente por el régimen Talibán y, con esto, la vida de las mujeres tuvo un retroceso de siglos.

El mundo entero decidió mirar el dolor con la esperanza de poder hacer un cambio.

Las mujeres que aún tenemos derecho a escribir y a plasmar nuestras ideas, tenemos claro “que no somos libres mientras otra mujer sea prisionera, aunque sus cadenas y las nuestras sean distintas” (Audre Lorde).