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Con la pandemia, muchos nos hemos dado cuenta de que teníamos más ropa de la necesaria, es entonces una buena oportunidad para pensar qué vestir de aquí en adelante, cuidar más, gastar menos y, sobre todo, dejar a un lado la importancia que damos al qué dirán respecto a nuestra apariencia física. 

Pero no basta. Dice la Carta a los Colosenses, algo que bien podríamos aplicarnos, como seguidores del Señor Jesús: 

«Como pueblo elegido de Dios, pueblo sagrado y amado, sea su vestimenta la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión» (Col 3,12-13).

Un vestido de lujo a la medida de quienes compartimos el regalo de la fe. 

Oremos para que nuestro vestido resplandezca de amor ante los demás, y pongamos manos a la obra para que nuestras acciones colaboren a que la humanidad sea cada vez más misericordiosa. 

Si hemos sido elegidos y convocados a una misión, hagamos que se note.