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¿Encarnamos el estilo de Dios, que camina en la historia y comparte las vicisitudes de la humanidad? ¿Estamos dispuestos a la aventura del camino o, temerosos ante lo incierto, preferimos refugiarnos en las excusas del ‘no hace falta’ o del ‘siempre se ha hecho así?

Crédito. Pbro. José Alfredo Castro

El Papa considera tres verbos del Sínodo: encontrar, escuchar y discernir

Los días 9 y 10 de octubre se dio apertura en el Vaticano al XVI Sínodo de los Obispos, “Por una Iglesia Sinodal: Comunión, Participación Y Misión”, después fue en todas las Iglesias particulares del mundo, el domingo 17 de octubre.

Esta fase en las Iglesias particulares y en otras realidades eclesiales se extenderá hasta abril de 2022, la fase continental tendrá lugar de septiembre 2022 a marzo de 2023; mientras que la fase de la iglesia universal se dará en octubre de 2023.

En el documento preparatorio se expone una invitación del Papa a toda la Iglesia, a interrogarse sobre un tema decisivo para su vida y su misión: “Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”.

Una pregunta fundamental nos impulsa y nos guía: ¿cómo se realiza hoy, a diversos niveles (desde el local al universal) ese “caminar juntos” que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo a la misión que le fue confiada.

Y ¿qué pasos el Espíritu nos invita a dar para crecer como Iglesia sinodal? Esta cuestión exige disponerse a la escucha del Espíritu Santo.

Escuchar al Pueblo de Dios en las Iglesias particulares con la esperanza de contribuir a poner en movimiento las ideas, las energías y la creatividad de todos aquellos que participarán en el itinerario, y facilitar la coparticipación de los frutos de sus compromisos.

En el mensaje del Santo Padre Francisco encontramos una serie de reflexiones sobre el sínodo, al que llama un momento eclesial, en el que el protagonista es el Espíritu Santo.

Contienen las palabras clave: comunión, participación y misión, y destaca la importante participación de todos como un compromiso eclesial irrenunciable.

No obstante, habla de los riesgos que pueden presentarse en el Sínodo: formalismo, intelectualismo e inmovilismo; pero también de un tiempo de gracia con tres oportunidades: encaminarnos estructuralmente hacia una Iglesia sinodal, ser Iglesia de la escucha y ser una Iglesia de la cercanía.

El reto: no hacer otra Iglesia sino ser una Iglesia distinta abierta a la novedad que Dios quiere indicar.