Seleccionar página

Dedicó su corta vida a ayudar a personas con discapacidad y drogadictos, y además a llevar un noviazgo limpio, de acuerdo con el mensaje del Evangelio

Su prometido dijo que le impresionaba su modo alegre y profundo de mirar la vida

El cardenal Marcello Semeraro, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, presidió la ceremonia de beatificación en la Basílica de la Catedral de Santa Colomba (Rimini, Italia) de Sandra Sabattini, fallecida en 1984 con sólo 22 años cuando le atropelló un coche.

El portal Religión Confidencial publicó un artículo para dar a conocer que Sandra dedicó su corta vida a ayudar a personas con discapacidad y drogadictos, y además a llevar un noviazgo limpio, de acuerdo con el mensaje del Evangelio.

Según el cardenal Semeraro, se convierte así en la primera novia beata de la Iglesia católica, porque estaba comprometida para casarse con su novio, Guido Rossi.

Tras la lectura del decreto de beatificación se procedió a la procesión de la reliquia de la nueva beata, un cabello que conservó su prometido Guido Rossi, y que ahora se colocó junto al altar de la Catedral de Rimini para su veneración.

En una entrevista, su prometido afirmó que la beatificación de Sandra permite contemplar “la gran misericordia del Señor que nunca nos deja solos, incluso cuando creemos que estamos caminando solos, mientras Él nos lleva del brazo, como vimos escrito en la puerta de una iglesia en Gubbio que visité con Sandra”.

Guido dijo también que le “impresionaba su modo alegre y profundo de mirar la vida y su confianza en el Señor”.

La mañana del 29 de abril de 1984, mientras se dirigía a una reunión de la Comunidad Papa Juan XXIII, Sandra fue atropellada por un automóvil; estuvo en coma durante tres días y el 2 de mayo abandonó esta tierra, tenía solo 22 años.

En la última página de su diario, dos días antes del accidente, Sandra dejó su testimonio espiritual: “Esta vida no es mía. Esta vida, que va evolucionando por un respiro que no es mío, transcurre en una serena jornada que no es mía. No hay nada en este mundo que sea tuyo. ¡Sandra, date cuenta! Todo es un regalo en el que el ‘Donador’ puede intervenir cuando y como quiera. Cuida el regalo que se te ha dado haciéndolo más hermoso y pleno para cuando sea la hora”.