Seleccionar página

Salta, corre, cae, se levanta, juega… Elías es ahora el niño del pasaje bíblico de Mateo, tomado en brazos por sus padres que huyeron en busca de un lugar seguro y que hasta ahora lo han encontrado por un tiempo indeterminado

José se levantó, tomó a Elías y a su madre, Esmeralda, y se fue a México… puede ser el relato del Evangelio apegado a la realidad de una familia migrante de origen salvadoreño que se encuentra en el albergue La Sagrada Familia.

José tuvo que salir de su país natal perseguido por las pandillas, para poner a salvo a su esposa Esmeralda, quien su madre desapareció de un día para otro; Elías, de poco más de un año, fue puesto a salvo por ambos apenas con cuatro meses de vida, pero en su paso por México ha sufrido frío, enfermedad, incomodidad.

José y María cargaban en sus brazos no solo a un niño, sino también la esperanza de la vida nueva, así también José y Esmeralda.

Esmeralda 

Lleva en sus brazos en todo momento a Elías, su pequeño de poco más de un año; relata que llegaron un viernes al albergue ubicado en Apizaco, Tlaxcala.

“Nos abrieron y entramos. Descansamos y a los tres días hablamos con la abogada, a ver si todavía podíamos arreglar los papeles acá y nos dijo que sí. Ella nos está llevado el trámite”, dijo para Luz de Luz con la esperanza de quedarse a vivir en México.

Ahí se ha encontrado con otras madres como ella, pero también una cama, una mesa y un techo para el resguardo de su hijo que ha resentido los efectos de un andar a pie, en autobús y tren.

No obstante de su rostro triste, es segura de la esperanza con la que mira el futuro: “Yo le digo a él (José) que sigamos adelante, que no nos detengamos, que sea como sea vamos a salir adelante para darle lo mejor a él (Elías)”.

“Creemos en Dios, nos ponemos a orar en veces”, asegura.

José

Parece coincidencia que su nombre sea José, conoció a Esmeralda hace tres años, sufrió con ella persecución, la desaparición de su suegra y el estar preso durante cinco año de manera inocente, según relata.

“La maldad está en todo lugar, pero aquí nos mantenemos a salvo. En nuestro recorrido yo la protegía”.

El hombre salvadoreño no titubea sobre el amor a su pareja: “La verdad la quiero mucho, pido a Dios la fortaleza para poder estar juntos, formar una nueva vida porque la vida en mi país es muy dura”.

Y es que José sufre desde la adolescencia: perdió a su madre y siempre anheló una palabra de ella, trabajó en el campo, viajó a México para triciclar, luego regresó por Esmeralda a El Salvador y después los tomó para volver a cruzar la frontera.

No quiere llegar a Estados Unidos, quiere quedarse en México, sueña con una escuela para Elías, con trabajar, comprar un terreno y cuidar a su familia “hasta que ya no pueda”.

“Es dura la vida”, insiste, pues protegiendo a su familia ha tenido que pasar frío, lluvia, caminar día y noche, y hasta quitarse la camisa para cobijar a un migrante que en el trayecto le pidió la prenda para cubrirse del frío.

Pero asegura, “he encontrado a Dios en las personas que nos han ayudado”, como cuando Elías tuvo que ser atendido de emergencia en el Centro de Salud y a la salida encontrar a alguien que le pagara sus medicamentos.

El nombre de su hijo es Elías “porque así se llama un profeta”, dijo sobre las vías del tren orgulloso, lleno de fe, al tiempo que mencionó: “Hay un pasaje que dice sobre la fe de un granito de mostaza…”.

Luego se le entrecortó la voz para decirle algo a su esposa… parece estar aferrado a lo que Dios disponga de él y su familia, a la espera de papeles para poder trabajar en México.

Elías

El bebé llegó enfermo al albergue. Ha sufrido varicela, estaba muy delgado, pero ante las cámaras parece haber recuperado peso; juega y se divierte con otros niños migrantes.

Día y noche fue llevado en los brazos de sus papás que caminaron hasta por 14 días; pasó por lluvia, frío y piquetes de moscos que le llegaron a cubrir toda la carita.

Durante la entrevista lloraba, sonreía, se desesperaba; luego tomó una moneda de 2 pesos para jugar, amagar que la entregaba a su papá.

Después regresó a ese cuarto donde duerme en una litera con sus papás, donde se ha sentido protegido desde hace dos meses, ahí en el albergue de la Sagrada Familia que ha sentido como su casa.

Salta, corre, cae, se levanta, juega… Elías es ahora el niño del pasaje bíblico de Mateo, tomado en brazos por sus padres que huyeron en busca de un lugar seguro y que hasta ahora lo han encontrado por un tiempo indeterminado.