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[Que] el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias

El Santo Padre escogió a San José como su modelo y guardián

Crédito. Diego López Colín

Como cada año desde 1955, la Iglesia celebra el 1 de mayo la fiesta de San José Obrero, patrono de los trabajadores.  

Esta celebración litúrgica fue instituida por el Papa Pío XII, ante un grupo de obreros reunidos en la Plaza de San Pedro en el Vaticano. 

Sin embargo, el Día del Trabajo tiene antecedentes que nos remontan a los mártires de Chicago, un grupo de personas que fueron ejecutadas en Estados Unidos por iniciar una huelga para exigir mejores condiciones de trabajo en 1886. 

Al institucionalizar esta memoria, la Iglesia quiso darle una connotación especial haciendo coincidir ambas fechas para que el pueblo de Dios tenga siempre presente la importancia de la vida laboral en el desarrollo de las personas y la sociedad. 

Y es por esta misma razón que el Santo Padre haya escogido a San José como su modelo y guardián. 

En la celebración de la institución pidió que «el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias». 

Pío XII quiso también que el santo custodio de la Sagrada Familia «sea para todos los obreros del mundo, especial protector ante Dios, y escudo para tutela y defensa en las penalidades y en los riesgos del trabajo».

De ahí que como miembros de la Iglesia, sea nuestra responsabilidad hacer respetar el derecho de los trabajadores y no tolerar atropellos ni injusticias, pero sobre todo valorar el trabajo que tenemos y realizarlo de la mejor manera posible para que nuestro esfuerzo contribuya a la construcción de una mejor nación y un presente más prometedor para todos.