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Que sean cada vez más numerosos quienes, sin hacer ruido, con humildad y perseverancia, se conviertan cada día en artesanos de paz. Y que siempre los preceda y acompañe la bendición del Dios de la paz

Crédito. Obispos de México

Al iniciar un nuevo año les saludamos y les bendecimos con esta antiquísima fórmula: «El Señor los bendiga y los proteja, haga resplandecer su rostro sobre ustedes, y les conceda la paz». 

En la tradición bíblica la bendición es algo más que un buen augurio, es invocación del Dios que realiza en forma eficaz lo que significa; al bendecirlos lo invocamos para ponernos bajo su protección, le suplicamos los dones de la prosperidad y de la paz, le pedimos vuelva sobre nosotros su mirada benevolente y nos conceda dar testimonio de su amor; por eso, no nos cansamos de decir: “¡La paz esté con ustedes!”. 

En este inicio de año, junto con nuestra bendición, queremos compartir con ustedes una palabra de consuelo, nuestra cercanía y acompañamiento para quienes sufren a causa de distintas formas de violencia que parece no se puede frenar. 

Una palabra de aliento a quienes viven comprometidos con la construcción de la paz y a quienes son responsables del entramado institucional que permite que la paz sea posible para todos. 

Un llamado a la conciencia de todos los que causan sufrimiento y muerte, para invitarlos al arrepentimiento y conversión de vida, y una exhortación a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para que en las distintas etapas y circunstancias de la vida no olviden que el mínimo gesto en favor de una paz digna y duradera es valioso e insustituible. 

Tenemos voluntad de sumarnos a los esfuerzos de todos los constructores de la paz y nos comprometemos a caminar con ellos. 

«Que sean cada vez más numerosos quienes, sin hacer ruido, con humildad y perseverancia, se conviertan cada día en artesanos de paz. Y que siempre los preceda y acompañe la bendición del Dios de la paz».